miércoles, 19 de agosto de 2015

Nuestro Mundo

En el día a día a veces damos poca importancia a esas pequeñas cosas: A las sonrisas de medio lado, a las miradas, a los escalofríos... Todas esas cosas se van tan rápido como llegaron.
La gente no les da sentido, y yo tampoco lo hacía.
Pero llegaste y todo cambió. .
Cada mirada se convirtió en un instante mágico, aprovechado al máximo, un instante que intentaba congelar en el tiempo. Y los escalofríos cobraron sentido. Cada vez que me mirabas aparecían.
En el fondo muy poca gente entiende los escalofríos.
Nadie entiende que son suspiros del corazón, de mi corazón. No entienden que son impulsos del corazón que, por un instante, intenta por todos los medios que corra a abrazarte.
Pero nunca lo hago.
Porque vivimos en un mundo en el que lo habitual es esconder lo que sentimos. Me tomarían por loca si de repente te viese y corriese a tocarte. Al fin y al cabo no me conoces.
Aun así es increíble cómo una sola persona puede cambiar nuestra forma de verlo todo. Sólo basta con observar cada sonrisa, cada mirada, cada gesto, para darse cuenta de que hay tanto que puedo aprender de ti...
Y el día que esa sensación desaparezca, el mundo será un poco más triste. El día en que deje de temblar cuando me mires, el día en que mi corazón deje de latir desbocado cuando te vea, ese día el mundo habrá perdido un poco de sentido. Porque es el amor lo que le da sentido.
Y sé que solo soy una persona, una entre millones, pero me haces sentir especial. Haces que seamos especiales solo con cada mirada. Haces que quiera ser diferente. En cierto modo, tú me haces diferente.

Y es la mejor sensación del mundo.